Retenciones en el centro del tablero
31-07-2010, 21:34 - Es un extraordinario logro del campo, corolario de la movilización desencadenada por el exabrupto de las “retenciones móviles” en el 2008.
Las retenciones ocupan el centro del tablero. Es un extraordinario logro del campo, corolario de la movilización desencadenada por el exabrupto de las “retenciones móviles” en el 2008. Las tumbó el Congreso, aquella memorable noche del voto no positivo de Cobos, ungido como héroe por las huestes ruralistas, y como villano imperdonable por el bando K.
Pero más importante que el famoso desempate, fue el empate que había alcanzado sorprendentemente el campo en un congreso dominado por el oficialismo, que jamás se había planteado que los derechos de exportación eran impuestos, y que por lo tanto formaban parte del ámbito legislativo. Fue el campo quien los obligó a discutirlo, al arrastrar al Gobierno a enviar un proyecto de ley para ratificar la intentona elucubrada por el entonces ministro de Economía Martín Lousteau.
Lo que se votó en aquél momento fue simplemente el rechazo a las retenciones móviles. Estas quedaron entonces fijas en los niveles anteriores, de por sí elevadísimos: 35% para la soja y el girasol, 27% para el trigo, 25% para el maíz, etc. Pero desde aquel momento empezó la cuenta regresiva. El plazo es el próximo 24 de agosto, cuando caen las facultades delegadas por el Congreso al Ejecutivo, entre las cuales se halla la de fijar los derechos de exportación.
La situación ha cambiado. Los Kirchner echaron primero a Lousteau, y unos meses después al jefe de Gabinete Alberto Fernández, endosándole el fracaso. Intentó romper la unidad del agro, implementando una estrategia sinuosa, como la captación de figuras de renombre en el sector. Hubo concesiones en el discurso y en la actitud de la Presidenta, y hasta se creó el tan esperado Ministerio de Agricultura, a cuyo frente colocó a un hombre de espíritu negociador como Julián Domínguez. El mismísimo Alfredo De Angeli se acaba de fotografiar con él remarcando que “vino a ponerle el pecho a las balas”.
Pero el decaimiento del poder K fue inexorable. Con las elecciones del 28 de junio del 2009 perdieron el control del Congreso, y ahora llega el fin de las facultades delegadas. La oposición está tomando el ejemplo de la Mesa de Enlace: aún cuando mantienen diferentes posturas, han consensuado una posición común. Ronda la idea de eliminarlas para todos los cultivos y bajar diez puntos a las de la soja. El argumento para mantenerlas es poco imaginativo, pero eficaz: no desfinanciar al Estado. Hay otras formas de hacerlo. Ya lo hemos dicho: convertir a las retenciones en pago a cuenta de ganancias. Tendría además un interesante efecto de blanqueo. Si hace falta más plata, la soja no tiene la culpa. Ni el interior que vive de ella. La soja no puede pagar la deuda ni el aumento a los jubilados, el que dio ahora Cristina o el del 82% móvil que propone la oposición.
Frente a una segura derrota en el legislativo, lo más probable es que el Gobierno decida adelantarse. Ya sabe que llevarlas a cero en el trigo no tendrá impacto fiscal alguno, lo que consagraría la torpeza de su estrategia: al no haberlo decidido en tiempo y forma, la siembra es paupérrima. El país se está perdiendo otra extraordinaria oportunidad, porque los precios internacionales vuelan como consecuencia de una grave sequía en Rusia, el país que iba a tomar la posta por el default triguero argentino.
Ahora, el mayor riesgo es que salga una ley que consagre definitivamente retenciones del 25% en soja. Sólo puede aceptarse algo así si se plantea un esquema de reducciones que permita terminar con ellas en unos años. Cinco puntos por año. En cinco años, punto final. Y así, el campo tendrá el mismo tratamiento que toda la economía: el mismo dólar para lo que vende, que para lo que compra. Hoy eso no existe, y entonces se traba la incorporación de tecnología, que es lo que el campo compra. Perdemos todos.
Fuente: Clarin
PorHéctor A. Huergo
Sabado 31 de Julio de 2010 | 0 comentarios
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